La Barricada nº 15 – Centro Social Octubre: 10 años sembrando conciencia

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Finales de 1978: el régimen político surgido del pacto constitucional hacía reverdecer la contestación social. Los sectores populares que habían depositado su voto en la Unión de Centro Democrático estaban desencantados. Hacía poco más de dos años que en Guadalajara se celebraba una de las primeras manifestaciones legales pro-amnistía. Era el año en que se construía lo que décadas después sería el Centro Social Octubre y sería mientras tanto la sede del Partido Comunista de España.

Eran los años en que los dirigentes neofascistas Raimundo Fernández Cuesta y Blas Piñar se paseaban por nuestra provincia, visitando los cuarteles y movilizando a los ultras de entonces, elemento que serviría a la oligarquía española para aplicar la “teoría de los dos demonios”, facilitando así en nombre del consenso la ejecución de políticas económicas más capitalistas. “Unida y libre o roja y marxista” afirmaba Cuesta en un mitin en el Parque de la Concordia en el verano de 1977. La lucha obrera en aquellos años, tenía epicentro en la fábrica de piezas de automóviles Bressel, recientemente militarizada.

La derecha de UCD, desde 1979, había quedado sin representación municipal por no presentar a tiempo sus avales, por lo que su voto se dividió entre la extrema-derecha de la Unión Nacional (las Falange y Fuerza Nueva) y la extinta “Coalición Democrática”. Las amenazas de bomba al entonces local del PCE, las razzias de los jóvenes fascistas desde las zonas top de Guadalajara y el ingreso del caballo a los barrios obreros al otro lado del Torreón del Alamín se ejecutaron con la aquiescencia de una izquierda institucional más preocupada en desmovilizar el descontento que enfrentar el proyecto económico de los franquistas que seguían administrando la política y la economía.

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Guadalajara heredaba del franquismo una situación inmobiliaria desastrosa. La ausencia de regulación de la vivienda y de las construcciones habían dejado un saldo de especulación que parecía no contenerse. El casco antiguo de la ciudad, uno de los más reconocidos de la época renacentista, fue destruido por los negocios inmobiliarios de familias y empresas que todavía hoy ejercen tutela sobre los partidos parlamentarios. Por ejemplo, Leopoldo Arnáiz, uno de los “lobbystas” inmobiliarios de entonces en nuestra ciudad, ha sido uno de los impulsores del proyecto Eurovegas.

En la década de los 80, “el local del Parque Sandra”, se iba popularizando entre los movimientos sociales. La extrema derecha pasaba de las algaradas callejeras, los asaltos a los ayuntamientos y los operativos golpistas, a trabajar en las empresas constructoras o en los bancos. Los que tenían estudios, eran sus gerentes, y los más idiotas trabajaban de vigilantes de seguridad o de matones. Eran los años en que se gestaba “la gran modernización” de España, producto del ingreso en la Unión Europea, y donde los partidos del capital se repartirían el botín del dinero que Europa entregaría a España a cambio de la desindustrialización, la reconversión industrial y el cierre de las factorías que pudieran ser la competencia de los centros industriales alemanes.

La década del 90 encuentra el fin de siglo con la caída de la Unión Soviética. Los dirigentes de los grandes partidos comunistas europeos hacen esfuerzos para dejar de llamarse comunistas. En España, en 1986, se fundaría Izquierda Unida (IU), al calor de las movilizaciones contra el ingreso del país en la OTAN, y también como intento de determinados factores políticos de enterrar al histórico PCE. En Guadalajara, la puntilla de aquel proceso la da el llamado “Partido Democrático de la Nueva Izquierda” (PDNI), liderado por el actual dirigente del PSOE Diego López Garrido. Liderarían una escisión a finales de los 90 que en el caso de nuestra ciudad iba a tener el local del Parque Sandra como epicentro, ya que en dicha sede, que había sido abandonada por las reminiscencias del movimiento comunista que generaba entre la conservadora sociedad arriacense, era retomada por los actuales dirigentes de IU como manotazo de ahogado.

Ni mucho menos era el objetivo de los dirigentes de IU hacer de ese local un catalizador de la movilización popular. En los años de estancia en ese inmueble, solo serviría para la administración del objetivo más deseado por Izquierda Unida, que era el de llegar a pactos de gobierno en los Ayuntamientos y en la Diputación Provincial que eso le permitirían acceder y administrar dinero público. Algo que en 2003 IU conseguiría en el Ayuntamiento de Guadalajara, con un saldo conocido: privatización de servicios públicos como la grúa municipal, la limpieza de colegios, la subida lineal de impuestos directos, o el abandono a los trabajadores de Trapsa (entonces concesionaria del servicio municipal de autobuses).

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En el año 2004 comenzó la recuperación de ese espacio, con el nombre de “Octubre”, en un homenaje al Octubre en Moscú, el Octubre en Pekín y el Octubre en Madrid. En ese mes comenzarían actividades semanales de índole cultural y político, destinadas a recuperar tradiciones de encuentro de la izquierda combativa de nuestra ciudad. Encuentros de estudiantes, de trabajadores, colectivos culturales y creativos se empezaron a dar cita semanalmente en un espacio que tendría como eje ser plenamente autogestionado mediante las aportaciones y el trabajo de sus militantes.

En el año 2005, a partir del apuñalamiento de un compañero por parte de un militante de extrema derecha, se produce la salida definitiva de Izquierda Unida de ese local, que desde hacía algunos meses venía advirtiendo en ámbitos internos que nuestro trabajo político era contrario a sus intereses y recurría al insistente argumento de lo ilegal y de lo terrorista de nuestra actividad. Y lo cierto es que todo el movimiento social que conocemos hoy en Guadalajara ha pasado de una o de otra manera por el Centro Social Octubre, a pesar inclusive de que el PCE iniciara en 2010 un fallido juicio de desalojo, con el fin de vender el histórico inmueble.

Hemos de sentirnos orgullosos además de recuperar tradiciones, a pesar de los señalamientos policiales, la criminalización o el desconocimiento. Hemos sido organizadores de cajas de resistencias de trabajadores en lucha, acogimos los encuentros por la amnistía a los presos políticos y celebramos desde el año 2009 el Encuentro de Movimientos Sociales del Corredor del Henares. Además de los ciclos de cine, las centenares de charlas y discusiones, los debates sobre el sistema económico, sobre el feminismo, sobre los trabajadores o sobre las drogas.

Hoy cumplimos diez años y seguimos creciendo como referentes de la juventud combativa de nuestra ciudad. Ha pasado mucha gente y seguirá pasando. Los oprimidos, los que queremos cambiar la sociedad, los que nos duele la injusticia en cualquier lugar del planeta, sabemos que el Centro Social Octubre no se irá nunca. Ya forma parte de la historia de los que luchan todos los días.

¡HAY CENTRO SOCIAL OCTUBRE PARA RATO!

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