La Barricada nº23 – La institucionalización de la protesta

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LA INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA PROTESTA

Es época de resaca post-electoral. La derecha del PP y en general los partidos tradicionales han tenido una clara bajada en el voto. Partidos nuevos y caras nuevas (al menos para la mayoría de la población) tienen la llave para gobernar los distintos territorios, y todo apunta a que se aproximan vientos de cambio.

Parece que Cospedal va a perder el gobierno, que Antonio Román puede perderlo en la capital de la provincia… y más de lo mismo ocurre en otros puntos de nuestra geografía, donde nombres como Rita Barberá, Xavier Trías, Esperanza Aguirre o Ana Botella van a pasar a un segundo plano, en algunos casos en favor de personas que han participado de la lucha contra el sistema, como Ada Colau.

Pero… ¿Y ahora qué? Ahora que estas nuevas organizaciones que canalizan el descontento de la ciudadanía ya han metido la primera pierna en las instituciones… ¿Va a cambiar algo? Está claro que el tiempo nos responderá a esta pregunta.

Sin embargo sí podemos decir que parece que las grandes movilizaciones de gente en las calles luchando se han desvanecido como por arte de magia. Después de que los movimientos de izquierda habían sabido canalizar el desapego de la gente con la clase política y con los verdaderos gobernantes (grandes empresarios y capitales), después de que los movimientos sociales estaban empezando a adquirir una fuerza considerable y de que se multiplicaban las acciones, iniciativas y, en fin, se atisbaba al fin la lucha de clases… se ha conseguido que el pueblo vuelva a pensar en hacer la revolución desde el salón.

viñeta 1

Cambiar el mundo mediante el voto cada cuatro años vuelve a ser posible en el imaginario colectivo de la población. Lo que nos enseñó la Transición se vuelve a producir una generación después. Cuando el pueblo se levanta, es necesario apaciguarlo de alguna manera. Caras nuevas, camisas desabrochadas, corbatas fuera e infinitas promesas de cambio. Todo ello aderezado, claro está, con nuevas expresiones y nuevas formas de llamar a los problemas de siempre.

Esto no quiere decir que los nuevos gurús de la política vayan a acabar como Felipe González o Alfonso Guerra, porque sin duda la trayectoria del primero es difícil de llevar a cabo. No todo el mundo es capaz de llegar a tal nivel de hipocresía. Los resultados de las elecciones aún son muy recientes y no hemos asistido aún al escenario que se nos plantea, pero ya pudimos observar una clara “moderación” de las políticas de estos nuevos partidos con respecto a los programas que llevaban en las pasadas Elecciones Europeas.

El estado fascista en el que vivimos no va a ser fácil de cambiar desde dentro. Los grandes capitales y los grandes poderes tienen demasiados intereses, y sin duda harán todo lo que esté en su mano para aferrarse al poder. Grandes empresarios, bancos, fondos de inversiones o instituciones como el Ejército y los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado no van a dejar que sus privilegios se escapen de cualquier manera.

Es el mismo estado fascista que mantiene a presos políticos en las cárceles desde hace décadas, que los deja morir en sus celdas por sus ideales. Es el mismo estado fascista que saca de la cárcel a neonazis asesinos, el mismo que no duda en reprimir cualquier conato de búsqueda de justicia social. El mismo que mantiene a asesinados en fosas comunes y a sus asesinos en estatuas y nombres de plazas.

Ese estado, esa maquinaria, no se va a dejar desmantelar desde dentro. Cierto es que el escenario que se nos plantea después de las elecciones es mejor que el anterior. Sería de necios decir que no es bueno que María Dolores de Cospedal o Antonio Román tengan muchas posibilidades de desaparecer de nuestras vidas, con todo el mal que han hecho. Es de necios pensar que la victoria de Ada Colau en Barcelona no va a traer mejoras sociales. Y también es de necios pensar en todos esos pequeños municipios donde los dos grandes partidos no van a poder seguir haciendo lo que quieran, como si de cotos privados se tratasen.

viñeta 2

 

Pero hay que darse cuenta de la desmovilización social que se ha producido en los últimos meses, de que la gente que hace un tiempo estaba en las calles luchando por sus derechos, ha vuelto al sofá. De que los gritos en las manifestaciones se han acallado por los ecos de los debates televisivos, y de que, en fin, nos vamos a volver a conformar con muy poco. Unas reformas por allí, unos maquillajes por allá… y en un tiempo todo volverá a ser igual.

En las manos de cada persona está el votar o no votar, en votar una opción u otra, en quedarse en casa o en depositar un sobre con una rodaja de chorizo. Pero lo importante son todo el resto de días. Las acciones que llevamos a cabo en el día a día, nuestra aportación a la sociedad, a la unidad de principios y al cambio.

Participa en los movimientos vecinales de tu pueblo o barrio, lucha por tus ideales, colabora con las organizaciones y centros sociales que te representan, que seguro que tienes alguna cerca. Lucha contra el fascismo, el racismo, el capitalismo y la homofobia. Denuncia las injusticias que te rodean, colabora con tus compañeros de trabajo, participa en las huelgas, solidarízate con tu clase social, compra en pequeños establecimientos y da de lado a los grandes capitales. Apoya a tus bomberos, a tus retenes, a tus médicos, a tus enfermeros, a tus profesores… en fin, a toda esa gente que de verdad es necesaria, y que lucha por ti.

VOTES O NO, LUCHA POR TUS IDEALES LOS 365 DÍAS DEL AÑO
NO TE QUEDES SENTAD@ MIENTRAS OTROS GOBIERNAN POR TÍ

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