La Barricada Nº28 – El capitalismo español se recicla: La segunda transición

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Vaya ostia, vaya ostia”, resumía la senadora y ex alcaldesa de Valencia Rita Barberá en el hombro de Serafín Castellano, ex Delegado del Gobierno español en la Comunidad Valenciana y luego detenido por prevaricación, malversación de fondos públicos y cohecho a instancias de la Fiscalía Anticorrupción, un órgano nada independiente y que actúa cuando las circunstancias lo indican. Y es que, como en 1975, esta “segunda transición” la lideran aquellos que nada tienen que ver con cambios profundos, estructurales y necesarios para el progreso de nuestro pueblo.

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Las elecciones del 24 de mayo fueron una debacle sin precedentes de los dos principales partidos del régimen. El PP perdió 2,4 millones de votos y seis gobiernos autonómicos, y forzando pactos de gobierno en otros 4. Por otro lado, el PSOE ha quedado relegado a papeles secundarios en las dos principales capitales, Madrid y Barcelona, quedando supeditado a pactos de gobierno con las fuerzas políticas emergentes en otras tantas ciudades como Valencia, Cádiz, Zaragoza o Santiago de Compostela.

Esa masa crítica que depositó su voto en fuerzas políticas alternativas y esa alianza entre sectores tradicionalmente relegados del sistema económico español, junto a las clases medias empobrecidas de los últimos años, han sido el último baño de realidad que ha llevado al establishment español a tomar la iniciativa de un cambio que airee el desgastado sistema político nacido en 1978, no lo olvidemos, del pacto entre los prohombres de la dictadura y las fuerzas políticas opositoras permeables a aceptar las líneas rojas marcadas por las empresas que hoy forman el IBEX 35: monarquía, liberalismo económico, alineamiento atlantista, impunidad y mantenimiento de la estructura represiva.

Hay una interesante cualidad que normalmente tienen los grupos de poder más avanzados y avezados en el mantenimiento de su estructura dominante que es la capacidad de prever o adelantarse a los escenarios posibles que su propio pueblo puede desarrollar por sí mismo. El periodista Fernando Rueda explicaba en su libro Las alcantarillas del poder: las 100 operaciones de los servicios secretos españoles que marcaron sus últimos 35 años de historia dos capítulos poco conocidos de la historia de la democracia hispánica que demuestran como el Estado es capaz de prefabricar un candidato que se adapte a las necesidades del momento, o en su defecto, cargarse al que estorbe.

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En el año 1998, siendo Felipe González referente de la oposición parlamentaria al PP, advirtió en un mitin en Sevilla que “estaban preparando algo contra él para el 2000“. El entonces líder del PSOE aspiraba a volver a presentarse como candidato a la Presidencia del Gobierno, herido por lo que él mismo había denominado como “dulce derrota” frente al PP en las Elecciones Generales de 1996.

Si bien el público desconocía de qué se trataba, poco después el periodista Luís Díez publicaría en Diario 16 a qué se refería Felipe: había conocimiento de que el espionaje español quería iniciar el nuevo milenio con caras renovadas en la primera línea política, al considerar amortizados a los líderes vinculados de alguna manera a la Transición, y Felipe González era uno de ellos. Diego López Garrido, entonces diputado del PSOE, solicitó al entonces Vicepresidente Francisco Álvarez Cascos comparecencia al respecto.

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Otro caso parecido fue el del que fuera referente de la naciente UCD José María de Areilza, aspirante frente a Suárez a la Presidencia del Gobierno y que reveló en su libro Diario de un ministro de la monarquía cómo el extinto SECED (antecesor del hoy Centro Nacional de Inteligencia) frustró su aspiración tras activar escuchas y seguimientos que detectaron dos pecados de la época: una relación extramatrimonial y una afectuosa relación con un dirigente de la entonces Koordinadora Abertzale Sozialista (KAS), antecesora de Herri Batasuna.

Las actuaciones de la Fiscalía Anticorrupción contra el PP evidencian un control absoluto y un conocimiento total de la corrupción en España, pero, ¿por qué justo ahora? Siendo natural el rechazo social que provocan los escándalos protagonizados por el PP, no es menos lógico que estos pueden condicionar al propio régimen, y esto revela algo más que un escándalo sino un agotamiento de uno de los pilares de la hegemonía del capital en España, que junto al otro pilar, formado por el binomio PSOE/Grupo Prisa, conforman la estructura necesaria que tiene que remar en el mismo sentido en un momento de crisis económica y de legitimidad.

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Convencidos de ese agotamiento de esta forma de hacer política, el régimen español ha emprendido la tarea de promover el surgimiento de un nuevo pilar en la esfera sociológica conservadora, que lo abandera un partido político y un referente que en pocos meses y sin conocerse demasiado de dónde saca el dinero para semejante despliegue territorial, va a ser el recambio que el sistema viene pidiendo desde hace tiempo: Ciudadanos y su líder, Albert Rivera, que junto a la entronización de Felipe VI, cierran el círculo de la renovación y limpieza de imagen del sistema español.

Una de las características que ha permitido a la oligarquía española perdurar es su capacidad para adelantarse a los acontecimientos, y es que el IBEX 35 no puede permitirse un nuevo gobierno del Partido Popular. Parafraseando a Iñaki Gabilondo (el periodista de la SER se refería en la frase original a Podemos) “¿Se imaginan la ira ciudadana con otro gobierno del PP?

Y es que el PP y el PSOE no son lo mismo. Representan a la misma élite económica, pero no cumplen el mismo papel. La capacidad del régimen de poner a uno u otro partido, o en su defecto, al partido de moda del momento, responde a una previsión de cara al futuro; la misma capacidad de previsión que debemos tener nosotros, los trabajadores y todas las clases subalternas, para adelantarnos a los acontecimientos y neutralizar la capacidad de maniobra de los explotadores.

¡DESENMASCARA SU FARSA, TUMBA SU RÉGIMEN!

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