La Barricada Nº31: 80 Aniversario de la victoria del Frente Popular

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80 ANIVERSARIO DE LA VICTORIA DEL FRENTE POPULAR

Muchos años de represión, de detenciones, de pistolerismo, de huelgas ahogadas en sangre, de luchas laborales por unas mejores condiciones de vida y trabajo, de levantamientos campesinos asesinados por la Guardia Civil, de caciques amparados por la Iglesia y de campesinos sin tierra.

Todos los esfuerzos parecían verse premiados: Alfonso XIII caía y abandona el país camino del exilio a Roma. Se proclama la II República Española en medio de los sueños y esperanzas de millones de explotados, torturados, reprimidos, parados. La lucha por la tierra, por el trabajo en condiciones humanas, por las jornadas laborales dignas, por el desarrollo cultural y científico del país, por la solidaridad, igualdad y soberanía ¿nos suena, verdad? Muchas de esas ideas tienen que seguir siendo abanderadas actualmente porque casi ninguna  ha sido conseguida 85 años después del surgimiento de la II República. Más de ocho décadas después siguen existiendo jornaleros que luchan por trabajar una tierra digna, se sigue luchando por las jornadas laborales dignas, se sigue intentando cambiar la cultura de un país donde los toros y la paella ocupan gran parte de la “Marca España”, se lucha por la solidaridad internacional en un país miembro de la OTAN y la UE, etc.  Son solo ejemplos que nos permiten vislumbrar la amplitud de miras que tuvieron nuestros abuelos. Aquellos trabajadores que empeñaron todo su esfuerzo y esperanza en aquella época fueron los mayores previsores que ha tenido este país. Los mejores sociólogos, los mejores economistas, los mejores técnicos… que ha tenido este país fueron los trabajadores que se levantaron por un futuro mejor sabiendo que existía esa única oportunidad.

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El 16 de febrero de 1936 fue la fecha elegida para las elecciones. Todas las ilusiones, la esperanza de un futuro mejor y la dignidad se fraguaron en torno a las distintas candidaturas que presentó el Frente Popular. La candidatura representaba todos los principios de clase, de unidad de los trabajadores (sindicatos revolucionarios y partidos de clase), de solidaridad entre los pueblos (candidaturas obreras castellanas y catalanas), de lucha por la amnistía de los presos políticos (30.000 presos desde la represión de Asturias en 1934),etc. Y ésto era el programa revolucionario. Cualquier persona con sentido común que investigue se dará cuenta que los trabajadores pedían una revolución, ¿es que unos derechos tan básicos eran una revolución? Desgraciadamente, lo era y lo sigue siendo.

Las ansiadas esperanzas dieron su fruto y el Frente Popular ganó las elecciones en las grandes capitales del país donde el voto estaba más concentrado en torno a los partidos de izquierdas. En los ámbitos rurales, donde los terratenientes y “señoritos”  tenían el control sobre los campesinos gracias a la represión de la Guardia Civil se mantuvieron los partidos de la derecha. Los movimientos de jornaleros y campesinos iniciaron la ocupación de tierras de los “señoritos” ante una situación de extrema necesidad de las familias campesinas. Las algaradas callejeras entre las juventudes de los miembros de la ultraderecha española (principalmente, Falange y Renovación Española), que atacaban a los trabajadores de núcleos obreros conocidos a las salidas del trabajo y en las huelgas (como hacían los pistoleros del general Martínez Anido en Barcelona 20 años antes). Los tiroteos de la ultraderecha se hicieron más que corrientes en Madrid, donde eran normales las provocaciones de los vendedores del periódico Fe de la Falange y los muchachos que vendían el Mundo Obrero del PCE. Los registros de la Policía en las iglesias madrileñas donde los falangistas guardaban armas con el consentimiento del párroco de la iglesia salieron en más de alguna portada. La situación no pillaba de sorpresa a nadie.

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Estaba claro que algo había de pasar porque era un momento insostenible por mucho más tiempo. Las continuas provocaciones de la derecha que acabó asesinando al militante socialista y teniente de la Guardia de Asalto José del Castillo terminaron de culminar la situación. Era cuestión de tiempo que se preparara un movimiento fuerte de los sectores más reaccionarios.

Se enfrentaron tres duros años de guerra civil, un exilio posterior que en muchos casos se pudo ver truncado por las autoridades francesas que retenían a los exiliados en campos de concentración (D’Argeles, por ejemplo), o aquellos que acabaron en campos nazis, o aquellos que pudieron tener más suerte y pudieron huir a Latinoamérica. Los que se quedaron pudieron ver cómo la represión se ceñía sobre ellos, cómo el régimen se mantuvo cuarenta años a pesar del trabajo de los militantes antifascistas y cómo se disfrazó en “democracia”.

A día de hoy seguimos viviendo las consecuencias de aquel fatídico golpe de la derecha, seguimos sufriendo aquellas provocaciones y asesinatos que sufrieron nuestros abuelos, seguimos sufriendo el trabajo indigno, la carestía de la vida, el imperialismo, etc. Lo mismo que vivieron nuestros abuelos. Pero tenemos las mismas ilusiones, esperanzas y dignidad de cambiar una situación social injusta e inhumana que sufrieron nuestros antepasados, y que lucharon por cambiar.

A todos nos puede venir una imagen a la cabeza de una de esas fábricas insalubres que empleaban mano de obra barata tales como niños, mujeres embarazadas, ancianos si era necesario, etc. Todos nos podemos imaginar hogares superpoblados de familias en ambientes insalubres, todos podemos imaginar que nuestros abuelos pasaron por ello cuando vinieron del campo a la ciudad en la posguerra. Son situaciones de explotación y miseria que han venido manteniéndose en el tiempo y que no nos tienen porqué sonar tan raras. Cuando el “boom” de la construcción estaban en pleno apogeo en nuestro país: ¡cuán famosos eran los “pisos-patera”!, ¿acaso ya no nos acordamos? Fíjense si aquellos trabajadores de hace décadas y décadas eran visionarios ó no de una situación que ellos vivieron en sus propias carnes.

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Somos trabajadores, explotados, sometidos en una sociedad que sufre las mismas penurias que nuestros abuelos. Toma conciencia. El trabajador debe tener claro quién es su enemigo: el enemigo viste con traje y corbata y se dirige a todas partes con chófer y escolta. Enemigo es la élite que te retira los derechos que se han conseguido con tanta sangre.

¡LUCHAR, CREAR, PODER POPULAR! ¡NO PASARÁN! 

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