La Barricada Nº44: Mayo del 68: Memoria de una revuelta.

MAYO DEL 68: MEMORIA DE UNA REVUELTA

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Lunes 13 de mayo de 1968. Entre 6 y 8 millones de trabajadores franceses van a la huelga general. Tres días antes, las calles del barrio Latino de París se llenan de barricadas y los enfrentamientos entre policías y estudiantes se suceden durante toda la noche. Mayo del 68 supuso una brecha en los consensos de posguerra que inundó el mundo de protestas y revueltas y trató de transformar de forma radical la sociedad construida a partir de 1945 tanto en el bloque capitalista como en el comunista.

En los años 60 el mundo occidental, principalmente, se encontraba en medio de un proceso de crecimiento económico espectacular. Las “Trente Glorieuses”, como fue conocido el periodo comprendido entre el fin de la II Guerra Mundial y la crisis petrolífera de 1973 habían llevado a los países de Europa occidental a unas cuotas de prosperidad que no encontraban precedentes. El éxodo rural, el crecimiento del mundo urbano, el desarrollo de las telecomunicaciones, el aumento relativo del poder adquisitivo de la población, la aparición del consumo de masas, el turismo, etc fueron algunas de las consecuencias de esa nueva “edad de oro” del capitalismo. Sin embargo, el aparente bienestar comenzó a resquebrajarse a principios de la década de los 60.

La nueva generación surgida a raíz del “baby boom” de posguerra, influida por las transformaciones socio-económicas que acabamos de mencionar, conformó poco a poco una nueva identidad. La juventud tomó conciencia de sí misma en tanto que sujeto social y desarrolló una cultura propia, donde la música, la estética, la sexualidad, el consumo y experimentación con drogas eran elementos centrales. Parte de este nuevo sujeto social impulsó un movimiento contracultural que empezó a poner en cuestión el statu quo dominante. A pesar del crecimiento económico, la sensación general de frustración tanto en occidente como en oriente era creciente, la insatisfacción de la juventud con la hipocresía de la sociedad contemporánea, los “valores de la clase media” y con las “falsas promesas” de una clase política cada vez más desconectada con ella aumentaba, y la ruptura generacional iba evidenciándose paulatinamente.

Por otra parte, durante las décadas de los 50 y 60 se habían desarrollado diferentes conflictos políticos que tendrían su influencia en esa nueva generación contestataria. Los procesos de descolonización llevados a cabo en países del llamado “tercer mundo” (algunos muy complicados y traumáticos), Cuba, Argelia, Vietnam, las guerrillas latinoamericanas, figuras como el Che Guevara, Fidel Castro, Frantz Fanon (“Los condenados de la tierra”), la China de Mao, su crítica a la Unión Soviética, la Revolución Cultural, la lucha por los derechos civiles y el “black power” en EEUU, la teología de la liberación… Todo ello ofreció una amalgama de símbolos, ideas, prácticas y experiencias revolucionarias que tendría su impacto en los jóvenes e intelectuales del “primer mundo”.

Si bien el mayo francés ha quedado como el paradigma de la revuelta del 68, lo cierto es que en otras zonas como Berlín occidental, Berkeley, Washington DC, Italia o incluso Praga (la oleada contestataria también afectó al bloque soviético) el clima de tensión y protesta ya venía evidenciándose desde meses atrás. No es este el espacio para comentar uno por uno los acontecimientos que a lo largo y ancho del globo se sucedieron durante todo el año, puesto que podríamos extendernos de manera considerable. Sin embargo, sí que es necesario resaltar algunos elementos.

Fue la guerra de Vietnam, por ejemplo, y la oposición a la misma, el origen y el catalizador de muchas de las protestas que en 1968 sacudieron al globo; los comités contra la guerra de Vietnam surgidos tanto en Estados Unidos como en Europa sirvieron de experiencia organizativa para las protestas posteriores. Ligado a ello, la “lucha contra el imperialismo” se convirtió en otro de los elementos centrales de la contestación. Las transformaciones en los sistemas de telecomunicaciones, en los transportes, en la propia economía, la aparición del turismo de masas, crearon un mundo mucho más globalizado, una “aldea global” en la que los intercambios de experiencias y de ideas más allá de las fronteras nacionales eran mucho más sencillos y se realizaban con fluidez. De ahí que la oleada de revueltas no se focalizase en un país o entorno concreto, sino que se extendió desde Estados Unidos hasta Alemania, Italia, Francia, República Checa, Polonia, Japón, México…

La crítica llegó incluso a darse contra el modelo de comunismo soviético y las teorías y partidos comunistas tradicionales, principalmente los de Francia e Italia, que en muchas ocasiones no fueron capaces de entender el “movimiento” y de confluir con el mismo. Frente a ellos, se realizó un redescubrimiento y renovación de las teorías marxistas: el maoísmo y el trotskismo gozaron de gran acogida, y el mundo libertario vivió un cierto renacimiento; todo ello, junto a otros elementos políticos e ideológicos señalados más arriba, dieron lugar a lo que se ha conocido como “Nueva Izquierda”.

Otro aspecto a tener en cuenta fueron las sinergias que se dieron en algunos países entre el movimiento estudiantil y el movimiento obrero. A pesar del crecimiento económico generalizado, las crisis económicas comenzaban a darse en países de América Latina o en algunas zonas de Europa. Las protestas obreras, que en algunos países ya habían comenzado en los años 50 y 60, convergieron en el 68, con mayor o menor dificultad, con aquel nuevo movimiento social emergente de jóvenes y estudiantes, si bien es cierto que la mayoría de esas confluencias fueron efímeras y han de ser relativizadas (salvo, quizás, en países como España e Italia). De cualquier manera, la protesta obrera tuvo gran potencial: desarrollando nuevas formas de organización y de protesta, llevándose a cabo secuestros o retenciones de empresarios, ocupaciones de fábricas (imitando en muchos casos las ocupaciones universitarias), poniendo en práctica conceptos como autodefensa, autogestión o autonomía (véase el complejo mundo de la autonomía italiana en los 70), y llevando a Francia a la mayor huelga general de su historia.

1968 finalizó sin esa transformación radical que propugnaban los manifestantes en las calles de París, Berlín, Berkeley, México DF o Praga. La revuelta se apagó y el mundo de los dos bloques se mantuvo firme y resistió el envite. La mayoría de los actores de las protestas pasaron a preocuparse por sus propias perspectivas laborales, muchos de ellos se integraron en las instituciones para intentar dar satisfacción a sus demandas políticas desde ese espacio, y solo algunos de ellos optaron por la vía violenta (RAF, Brigadas Rojas…).

Los años 70, sin embargo, recogieron el testigo de muchas de esas luchas. Nuevas revueltas y revoluciones se dieron a lo largo de dicha década. Nuevos sujetos y nuevas reivindicaciones aparecieron a raíz del 68; el ecologismo, el feminismo, las luchas anti-carcelarias o antipsiquiátricas, etc. se desarrollaron durante la década posterior y hoy en día muchas de ellas continúan vivas y son de completa actualidad.

Hoy, 50 años después, más allá de la dimensión cultural del fenómeno, que tradicionalmente ha sido señalada como base fundamental de las protestas, no debemos dejar de lado la dimensión política y social del mismo y tener presente las experiencias y propuestas que la revuelta del 68 ofreció.

SEAMOS REALISTAS, PIDAMOS LO IMPOSIBLE

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