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Presentación, Debate y Proyección sobre Mayo del 68

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La Barricada Nº45: La mentira de Mayo del 68. Respuesta a la barricada Nº44.

LA MENTIRA DEL MAYO DEL 68. RESPUESTA A LA BARRICADA Nº 44.

Descarga 45 La Barricada – La mentira de Mayo del 68. Respuesta a la barricada N44

Las páginas del diario El País publicaban días atrás un reportaje de Marina Garcés titulado La insumisión permanente (El País, 7 de mayo de 2018), donde ponderaba las virtudes que tuvo el “mayo francés” para “revitalizar” la “vida ciudadana” frente a las tradiciones de los antiguos “partidos y sindicatos”. Con este resumen y terminología, las páginas del principal monopolio mediático español se sumarían a la permanente resignificación que han hecho los capitalistas de aquellos episodios.

Evidentemente, habrán desaparecido de todas sus líneas que más de 9 millones de trabajadores participaron activamente, desde sus trincheras de clase, en la lucha contra las reformas económicas que pondrían fin al capitalismo keynesiano o “Estado de Bienestar” de posguerra y que darían inicio al ciclo económico neoliberal del capitalismo en el mundo.

Veremos en toda la prensa reaccionaria toda clase de elogios a aquellos sucesos; se hablará de sexualidad, de psicoanálisis o del antiautoritarismo. Adjetivos que de manera acrítica la izquierda europea ha asumido como propios y que olvidan que tras el Mayo del 68 se reorganizará la ideología que, apuntando a la transversalidad entre clases, cimentará a la actual sociedad europea neoliberal. Y es que no es casualidad que los dirigentes e ideólogos parisinos de aquella época sean hoy los dirigentes e ideólogos de las instituciones del capitalismo continental, hasta el punto que uno de los más famosos, Daniel Cohn- Bendit “Dani El Rojo” es asesor del Presidente de la República Francesa, el liberal Emmanuel Macron.

Guy Debord escribió en 1988 en sus Comentarios sobre la Sociedad del Espectáculo una importante reflexión sobre lo que el capital ha hecho trascender del mayo francés, en el vigésimo aniversario de aquellos hechos:

La primera intención de la dominación espectacular era hacer desaparecer el conocimiento histórico en general, empezando por casi todas las informaciones y todos los comentarios razonables sobre el más reciente pasado. Una evidencia tan flagrante no necesita ser explicada. El espectáculo organiza con maestría la ignorancia de lo que ocurre e, inmediatamente después, el olvido de aquella parte de los acontecimientos que pudo ser conocida. Lo más importante es lo más ocultado. En estos últimos veinte años no hay nada que haya sido cubierto por más mentiras inducidas que la historia de mayo de 1968”.

Según Debord, en lo referente a mayo del 68, lo más importante es lo más ocultado. La derecha decía que todo se debía a un gran complot anarco-marxista, a una gran conspiración; el gaullismo, que salió fortalecido de las elecciones posteriores a los hechos, vio en los acontecimientos una “crisis de civilización”; pero los grandes vencedores fueron los que instalaron el concepto que prepararía a la sociedad mundial hacia lo que se gestaba: principio del fin de las ideologías, fiesta narcótica, individualismo, revuelta reformista, insurrección democrática, origen de los nuevos movimientos sociales, etc.

“Todo mentiras”, decía Debord

Mayo-junio del 68 no fue una rave, como se viene diciendo casi siempre, sino un gran susto. Lo que empezó como simples quejas en las universidades de Estrasburgo, Caen o Nanterre se convirtió enseguida en un movimiento de protesta social generalizado.

Se asustaron los burgueses que vieron peligrar sus propiedades; se asustaron los pequeños burgueses que vieron peligrar sus privilegios y los de sus hijos; se asustó De Gaulle que tuvo que echar mano del ejército; se asustó el partido socialista que creía pasada la época de las revoluciones; se asustó el partido comunista, que aún hablaba de revolución en general pero no de esa; se asustaron los sindicatos que se vieron rebasados por la espontaneidad de los consejistas en las ocupaciones de fábricas y criticados por los estudiantes por su inconsecuencia; y se asustó una parte de los intelectuales y profesionales que vieron con buenos ojos el arranque de los acontecimientos y todavía se solidarizaron con el movimiento en el momento de la represión, pero que no pudieron aguantar la acusación de ser unos mandarines al servicio del sistema, una acusación cada vez más repetida por los comités de obreros y estudiantes.

De Gaulle se recorrió los cuarteles y fueron los cuarteles los que convocaron la gran movilización reaccionaria del 30 de mayo pidiendo mano dura. El 13 de junio De Gaulle decretó la disolución de las organizaciones trotskistas y maoistas, así como la del Movimiento 22 de Marzo, en virtud de una ley del Frente Popular establecida en su momento contra la Organización de la Armada Secreta (el equivalente al GAL español), organización de la que el propio De Gaulle echó mano para disolver las protestas. Evidentemente, al diario El País le convendrá resaltar lo que le interesa. Le interesa “la contracultura”, “la sexualidad”, pero no los secuestros de gerentes de fábrica ni la ocupación de comisarías.

 

Ni pacífico ni idealista, sino violento y confrontativo

Lo que por entonces empezó a llamarse “nuevo feminismo”, o ecologismo o pacifismo, hay que decir enseguida que el mayo del 68 tuvo poco o nada que ver. Basta leerse los manifiestos de Nanterre y la Sorbonne para ver que ahí hay muy poco feminismo, casi nada de ecologismo y, desde luego, nada de pacifismo. No hay ni una sola mujer entre los líderes destacados del movimiento y las grabaciones que han quedado muestran que a las mujeres apenas se las dejaba tomar la palabra en los comités. Es verdad que se citaba a Wilhelm Reich y se hablaba de sexualidad liberada, pero mayormente para varones.

Las alusiones a los hippies y a los beatniks que hay, por ejemplo, en los textos situacioncitas de entonces son todas despreciativas o paródicas. Y el lenguaje y el tono de la mayoría de las intervenciones en las asambleas y en los comités de ocupación, así como el de la mayoría de los panfletos escritos, era más bien “guerrero”, crítico del militarismo sí-sobre todo en relación al imperialismo-, pero también exaltador de la violencia revolucionaria, ya fuera en términos leninistas, guevaristas, consejistas, maoístas o para recordar las virtudes de Durruti, de los combatientes del Vietcong o del general Giap.

El eslogan más célebre y más veces repetido del mayo francés fue: “La imaginación al poder”. Esa frase -reproducida como síntoma de idealismo positivo, otra vez, en las páginas del diario El País (10/8/2017)- cerraba una breve pero contundente declaración de principios en la entrada principal de la Sorbona de París, que decía así:

“Queremos que la revolución que comienza liquide no sólo la sociedad capitalista sino también la sociedad industrial. La sociedad de consumo morirá de muerte violenta. La sociedad de la alienación desaparecerá de la historia. Estamos inventando un mundo nuevo original. La imaginación al poder.”

Guy Debord tenía razón, la “sociedad del espectáculo” se había conseguido hacer con esa y otras muchas frases célebres del movimiento del 68, cambiando por completo su sentido.

SEAMOS REALISTAS, PIDAMOS LO IMPOSIBLE

Publicado en Articulos, CS Octubre, La Barricada