SOBRE LA CONVOCATORIA DE “TOMA EL CONGRESO”

MÁS ORGANIZACIÓN Y MENOS TOMADURA… DE PELO

   Primero nos dijeron “Toma la plaza” y las tomamos. En ellas, aparte de ejercer el derecho a pataleta, y de insuflar un más que suculento soplo de aire a los cadáveres políticos, a las denominadas “terceras  opciones”, partidos como IU que estaban al borde de la extinción, poco más sacamos en claro.

   Ahora nos dicen “Toma el Congreso”. Después nos dirán “Toma el Palacio de la Moncloa” y acto seguido el Palacio Real… Aunque en apariencia parezca un chiste, que lo es, los patrocinadores tratan de convencernos de que con esta serie de movilizaciones circenses los políticos, y en concreto el gobierno, como dicen: “salido de las urnas y de la decisión soberana y popular” se darán por aludidos, abandonarán sus poltronas y entregarán a sus legítimos dueños la capacidad y el derecho a decidir.

   Los patrocinadores que nos llaman a “tomar” el Congreso, supuestamente elegido “democráticamente”,  son los mismos que nos llamaron a votar y a participar en la estafa nacional que se hace llamar Elecciones Generales. ¿Pretenden estos señores que les tomemos en serio? Y si imaginando, que en un acto completamente enajenado del régimen, y sobre todo porque la presión popular fuera tal que se sintieran en la obligación de promulgar la disolución del actual Parlamento y el consiguiente proceso Constituyente ¿Quieren estos señores que nos creamos que el mismo régimen que asesinó a la República democrática a cañonazos, nos va a otorgar la libertad de organizarnos como nos corresponde, con el orden político, económico y social que más nos conviene? Quien realmente lo haya creído no sabe realmente en qué barco anda subido. El régimen surgido de aquél genocidio entró a cañonazos, y sólo a cañonazos será “desalojado”. Y todo lo demás no son más que paparruchas de gente que tiene como  único objetivo resucitar al muerto del reformismo, en época de claro derrumbe del sistema capitalista, y de desviar a la clase obrera y demás sectores populares de sus claros objetivos transformadores. Pero no en el sentido reformista, no reformando el capitalismo para hacerlo más humano, sino para derribarlo y construir en su lugar uno enteramente nuevo, el socialismo.

   ¿Y cómo vamos a llegar a esa situación? Pues precisamente haciendo todo lo contrario a lo que nos tienen acostumbrados toda esta comparsa, auténticos apéndices de esa panda de vendidos. Empezando por los sindicatos vendeobreros hasta los partidos institucionales que han colaborado en esta ruina que se nos avecina. Sin olvidar a todos los que hacen méritos y aspiran a colaborar en un futuro.

   Para ello, nuestro colectivo llevó a cabo una amplia campaña en las elecciones generales pasadas llamando a la Huelga General de Electores con ese fin. Primero hay que deslegitimarlos, quitarles todo atisbo de representatividad. Y eso se consigue boicoteando todas sus farsas (desde elecciones antidemocráticas, con leyes antipopulares como la Ley antiterrorista o la Ley de Partidos vigentes, a las falsas huelgas) y luego, con un régimen completamente aislado, empezar a acosarle con todo tipo de movilizaciones y huelgas de diverso tipo; salidas de las asambleas de barrios, centros de trabajo, sectores importantes como el transporte, etc. Es decir, hay que empezar por la deslegitimación, y, una vez aislado, llamar a tomar el cielo por asalto. Porque, al igual que las huelgas, unas acciones de ese carácter, si se plantean con un mínimo de seriedad y con unos claros objetivos revolucionarios, más allá de hacer el ridículo o de sacar a la gente a pasear, hay que prepararlas previamente. Bajo esa estrategia de boicot y desobediencia se circunscribe nuestra campaña. No el boicot como principio, sino como medio para deslegitimarles y tomar posiciones frente a futuras ofensivas como las que se proponen.

   Sin una preparación previa, solo conseguiremos sumar más decepción y desorientación al ya de por si gran hartazgo popular, tras años de recortes y múltiples canalladas que llevan soportando los trabajadores. Además de situarles en primera línea de la represión frente a una policía preparada para matar.

  Los trabajadores no están para ese tipo de bufonadas. Exigen soluciones. Pero éstas solo vendrán de la mano de su lucha independiente. Cuando tengan unos objetivos claros y estén formando parte de sus organizaciones de vanguardia.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Articulos, CS Octubre. Guarda el enlace permanente.